
Hay decisiones adultas que no son simples. A veces una persona permanece en un trabajo que ya no ama, que la agota, que la desconecta de sí misma o que incluso deteriora su ánimo, porque necesita estabilidad económica. Y esa necesidad es real. Pagar cuentas, sostener una casa, cuidar hijos, responder a compromisos y tener cierta seguridad material no son temas menores.
Sin embargo, también existe una pregunta profunda que muchas personas comienzan a hacerse cuando el cansancio se vuelve cotidiano: ¿Estoy trabajando para vivir o estoy dejando de vivir para poder trabajar?
Esta pregunta no aparece de la nada. Suele surgir después de meses o años de agotamiento, irritabilidad, insomnio, ansiedad, sensación de vacío, pérdida de motivación o una incomodidad interna difícil de nombrar. Muchas veces la persona no odia su trabajo, pero ya no se reconoce dentro de él. Otras veces sabe que el ambiente le hace daño, pero siente culpa, miedo o inseguridad ante la posibilidad de cambiar.
El dinero importa, pero no puede ser el único criterio de vida
En Chile, distintos estudios recientes muestran que el salario sigue siendo un factor central en la elección de un empleo. Un estudio People Brands, realizado por BBK Group y trabajando.com, mostró que el aspecto más importante al elegir un trabajo es tener un salario coherente con las funciones y responsabilidades, con un 70%. Pero también aparecen muy cerca otros factores profundamente humanos: clima positivo y bienestar, con 55%, y equilibrio entre vida laboral y personal, con 54%.
Esto muestra algo muy importante: las personas no solo buscan dinero. También buscan paz, trato digno, sentido, equilibrio y posibilidad de vivir una vida fuera del trabajo.
El problema es que muchas veces, en la práctica, el dinero termina teniendo más peso que la salud mental. No porque las personas no valoren su bienestar, sino porque viven atrapadas entre la necesidad económica y el miedo al cambio.
Cuando el cuerpo empieza a decir lo que la mente intenta callar
Desde una perspectiva humanista integrativa, el cansancio no es solo falta de energía. Muchas veces es una señal del organismo completo intentando decir: "algo en esta forma de vivir ya no está siendo sostenible".
El cuerpo comienza a hablar a través del insomnio, la tensión muscular, el dolor de cabeza, la irritabilidad, la ansiedad, el llanto fácil, la desconexión emocional o la sensación de estar funcionando en automático.
Los datos actuales en Chile son preocupantes. El estudio "El desafío invisible: salud mental en el trabajo", de Laborum y Combo, mostró que un 54% de los talentos en Chile tiene o ha tenido un diagnóstico de salud mental. Los diagnósticos más reportados fueron ansiedad generalizada, ansiedad social y depresión mayor. Además, el 49% señaló haber faltado al trabajo por agotamiento o burnout.
Este mismo estudio muestra una dimensión muy dolorosa: el 82% cree que a las empresas no les interesa su salud mental, y un 59% no contó su diagnóstico a su jefe.
Es decir, muchas personas no solo sufren: también lo hacen en silencio.
Permanecer por dinero también puede ser una estrategia de supervivencia
Es importante no juzgar a quien permanece en un trabajo por razones económicas. A veces quedarse es la decisión más responsable en un momento determinado. No siempre es posible renunciar, cambiar de rubro o comenzar de nuevo de forma inmediata.
Pero una cosa es quedarse por estrategia y otra muy distinta es quedarse abandonándose.
Quedarse por estrategia implica reconocer: "Hoy necesito este ingreso, pero voy a cuidar mi salud, voy a planificar, voy a mirar opciones, voy a fortalecerme y voy a decidir con más conciencia".
Quedarse abandonándose implica decirse: "No tengo opción, esto es lo que hay, mi bienestar no importa, tengo que aguantar".
La diferencia entre ambas posiciones es enorme. En una, la persona conserva agencia interna. En la otra, comienza a perderse.
La mala jefatura y el ambiente laboral también enferman
Muchas veces el problema no es solo el trabajo en sí, sino el tipo de vínculo que se vive dentro de él. Según el estudio People Brands, lo menos tolerado por los trabajadores es tener una mala jefatura: un 81% la identifica como una causa de rechazo al punto de querer renunciar.
El estudio de Laborum y Combo también mostró que un 74% de las personas encuestadas afirmó que su salud mental se vio afectada por la relación con su jefe o jefa, y un 51% por tensiones con compañeros de trabajo.
Esto confirma algo que en psicoterapia vemos constantemente: el ambiente laboral no es neutro. Puede regular o desregular. Puede dar sentido o quitarlo. Puede fortalecer la autoestima o erosionarla silenciosamente.
La pregunta no es solo "¿cuánto gano?", sino "¿qué me cuesta ganar esto?"
Cuando una persona se encuentra en una etapa de cansancio, crisis o necesidad de cambio, puede ser útil hacerse preguntas más profundas que las puramente económicas.
¿Qué parte de mí se está apagando para sostener este trabajo? ¿Qué síntomas he normalizado? ¿Estoy descansando o solo sobreviviendo entre una obligación y otra? ¿Qué precio emocional estoy pagando por esta estabilidad? ¿Este trabajo me permite vivir de acuerdo con mis valores o me aleja cada vez más de ellos? ¿Estoy decidiendo desde la libertad interna o desde el miedo?
Estas preguntas no buscan empujar a una decisión impulsiva. Al contrario, buscan abrir conciencia. Porque muchas veces las personas no necesitan renunciar de inmediato; necesitan primero volver a escucharse.
Decidir no siempre significa irse: a veces significa recuperar la dirección
Tomar una decisión profunda frente al trabajo no siempre implica abandonar el empleo. Puede significar conversar límites, reducir sobrecarga, pedir apoyo, reorganizar horarios, iniciar un proceso terapéutico, preparar una transición, estudiar algo nuevo, mirar opciones laborales o recuperar espacios personales que fueron quedando postergados.
Desde la psicoterapia, la decisión no se mira solo como un acto práctico, sino como un proceso de reconexión con el propio self: con la parte más sabia, lúcida y compasiva de la persona.
A veces hay una parte que dice: "No puedo dejar este trabajo porque necesito el dinero". Otra parte dice: "No doy más". Otra parte siente culpa. Otra tiene miedo. Otra sueña con una vida más liviana.
El trabajo terapéutico permite escuchar todas esas partes sin que una aplaste a la otra. No se trata de elegir desde la desesperación, sino desde una integración más honesta.
El bienestar emocional también es una forma de riqueza
En una cultura donde el éxito suele medirse por productividad, ingresos o estabilidad externa, hablar de bienestar emocional puede parecer secundario. Pero no lo es.
Tener paz interna, dormir mejor, sentirse respetado, tener tiempo para los vínculos, recuperar la creatividad, vivir con menos miedo y sentir que la vida propia tiene sentido también son formas profundas de riqueza.
El Termómetro de Salud Mental 2025 de ACHS y UC muestra que, aunque los indicadores generales de malestar psicológico han bajado respecto de años anteriores, aún un 25,8% de las personas presenta ansiedad generalizada, y las mujeres muestran mayores niveles de malestar psicológico que los hombres.
Esto nos recuerda que la salud mental no puede seguir siendo tratada como un lujo. Es una condición básica para vivir con dignidad.
Una invitación terapéutica: decidir sin abandonarte
Si estás en un momento en que tu trabajo te da seguridad económica, pero al mismo tiempo sientes que te está quitando vitalidad, quizás no necesitas responder de inmediato "me quedo" o "me voy".
Quizás primero necesitas detenerte y preguntarte: ¿Cómo quiero vivir? ¿Qué necesito cuidar de mí en esta etapa? ¿Qué cambios son posibles ahora, aunque sean pequeños? ¿Qué estoy postergando por miedo? ¿Qué sería una decisión responsable, pero también amorosa conmigo?
La adultez muchas veces nos exige sostener responsabilidades. Pero sostener no debería significar desaparecer de la propia vida.
Tomar decisiones desde el bienestar emocional no es ser irresponsable. Es comprender que una vida no se construye solo con ingresos, sino también con sentido, descanso, vínculos, salud, deseo y coherencia interna.
A veces el primer cambio es dejar de renunciar a ti.
Autora: Paula Cabrera Fuentes





